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    viernes, 19 de febrero de 2016

    Mahe no deja el hospital por acompañar a su dueño

    HOSPITAL

    En la ciudad neozelandesa de Wellington, vive un niño autista llamado James, de 9 años. ÉL tiene un perro llamado Mahe de raza labrador, el cual le da la tranquilidad que no puede lograr con su familia.
    El pequeño no puede hablar y rehuye todo contacto con su familia, incluido el visual. Sin embargo, puede juntarse alegremente a Mahe.

    Tan importante es el vínculo que el niño tiene con Mahe, que le fue permitido estar junto a él en el hospital infantil de Wellington cuando James fue a realizarse unas pruebas que le causan ataques.

    Cuando su dueño llegó anestesiado «él solo podía mirarlo fijamente, con verdadera preocupación». Mientras la madre de James esperaba a que el escáner del pequeño terminara, Mahe también se sentó a su lado para calmarla.

    La vida de la toda la familia cambió totalmente cuando Mahe llegó a sus vidas: «No podíamos ir ni a tomar un café. James se ponía muy nervioso y quería irse inmediatamente. Pero cuando Mahe llegó James se sentaba ahí esperando a que termináramos nuestros cafés», comentó Michelle, la madre.

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